La visita de la mantis
Hoy, al abrir la ventana, había una mantis religiosa. Inmóvil. Serena. Parecía sostener el aire. Y algo en mí se detuvo también. Últimamente me noto impaciente, con ganas de cambiar cosas, de mover la vida. Pero la mantis me recordó que no todo se resuelve desde la acción. A veces la sabiduría está en esperar en calma, en dejar que la claridad llegue cuando el cuerpo se aquieta. El poder no siempre está en empujar, sino en confiar en el propio ritmo. Me lo susurró sin palabras: “Tu próxima acción nacerá del descanso, no del esfuerzo.”