El miedo al abandono

Durante mucho tiempo pensé que mi manera de amar era cuidar.

Cuidar incluso cuando no me lo pedían.

Comprender antes de que el otro hablara.

Traducir el silencio, sostener el dolor, llenar los vacíos ajenos como si fueran los míos.


Era mi forma de estar en el mundo.

Si el otro estaba bien, yo estaba a salvo.

O eso creía.


Con el tiempo, me di cuenta de que esa seguridad era prestada.

No era amor, era supervivencia.

La niña que fui aprendió que, si podía leer y aliviar el malestar de los demás, todo se calmaba…

Y en ese intento, me perdí.


Hoy sé que nadie me pidió que los salvara.

Simplemente los atraje porque yo también buscaba lo mismo:

que alguien me mirara con la misma ternura con la que yo miraba el dolor ajeno.

Que alguien me sostuviera como yo sostenía a todos.


No fue culpa de nadie.

Fue un pacto invisible entre heridas que se reconocen.


Sanar, para mí, está siendo dejar de hacerme cargo del bienestar de los demás para aprender a cuidar el mío.

Entender que la empatía no es fusión.

Que puedo acompañar sin desaparecer.

Que puedo amar sin convertirme en refugio.


Y sobre todo, que si me quedo conmigo, nadie se queda sin amor.


Hoy, cada vez que noto ese impulso de arreglar o aliviar, respiro.

Me repito:

“No necesito salvar para amar. Puedo amar quedándome conmigo.”


Y, poco a poco, la vida se va ordenando sola.

Las personas cambian.

Los vínculos se vuelven más ligeros.

Y empiezo a reconocerme, al fin, en paz.


Comentarios

  1. Querida compañera del alma!
    Que bien transmites!!
    Que cierto todo lo que dices , me he preguntado mil veces porque tenemos ese perfil de personas , qué aprendizaje de pequeños hemos tenido para llegar a ser cuidadoras del dolor ajeno y que me movía hacerlo…..
    Pienso que quizás así me sentía mejor porque yo quizás en mi interior esperaba que alguien hiciera lo mismo por mi , ya sabes generalmente hacemos y actuamos como pensamos que nos gustaría que nos trataran..
    pero qué peligro tiene todo esto porque yo me abandoné y solo miraba por los demás hasta que me he dado cuenta que centrarme en mi , me hace más feliz y como tu bien dices esto no significa que no escuches las batallas de los demás simplemente dejas que ellos las resuelvan porque al final , son ellos los que deben librar sus propias batallas..
    Yo sigo estando presente para todo el que me necesite pero hay un cambio en mí muy profundo y es que si tengo que escuchar a alguien primero es a mi misma, si tengo que cuidar a alguien es primero a mi misma
    Yo soy mi prioridad y si me tuviera que ir algún sitio lejano me elegiría AMI

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Querida Veibar:
      Qué bonito lo que compartes, compañera.
      Me siento muy reflejada en tus palabras… también cuidé a los demás esperando, sin saberlo, ese mismo cuidado.
      Ahora entiendo, igual que tú, que escucharme y elegirme no me aleja de nadie, al contrario: me acerca a mí.
      Gracias por recordarlo tan bonito.

      Seguimos caminando hacia nosotras.

      Eliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Cómo saber si un movimiento te expande

Give Me Six

La mujer que se bajó del personaje