Cuando la vida apaga las luces
Hace unos días tuve un sueño que me acompañó todo el día, como si llevara una verdad dentro. Un sueño sencillo, pero cargado de símbolos que no había visto hasta ahora. Caminaba por una calle conocida, salía a tomar aire, a despejarme del ruido externo. Y de repente, todo se apagaba. No una farola, no un tramo: toda la calle. Un blackout absoluto. Oscuridad total. Solo tenía la luz tenue del móvil para ver el suelo, para avanzar unos pasos. Ni horizonte, ni referencias, ni rostros, ni ciudad. Y al no saber a dónde ir, me agachaba, me hacía pequeña, de cuclillas, como si mi cuerpo buscara tierra, cobijo, centro. Desperté con la sensación de haber recibido un mensaje. Con el paso de las horas comprendí que ese sueño era la metáfora perfecta del lugar en el que me encuentro: la transición entre una identidad que ya no me sostiene y la que todavía no ha nacido del todo. O, dicho de otra manera: mi propia Noche Oscura del Alma. 1. Cuando lo antiguo se rompe (la primera etapa) En algún momen...