Cuando dejo de exigir a los demás y a mí misma

Hoy he integrado algo que ya intuía, pero que no había terminado de asentarse del todo.

Me di cuenta de que parte de mi enfado reciente no venía de lo que el otro hacía, sino de lo que yo estaba esperando sin darme cuenta: profundidad, responsabilidad compartida, capacidad de sostener incomodidad, de hacerse cargo de las consecuencias emocionales. Estaba pidiendo a otra persona que operara desde el mismo nivel de conciencia y sensibilidad que yo.

Y eso no es realista.

No porque el otro sea incorrecto, sino porque no todo el mundo tiene la misma arquitectura emocional. No todo el mundo procesa, integra o se responsabiliza de la misma manera. Yo ya lo sabía a nivel mental, pero hoy lo he visto con claridad interna: me estaba enfadando porque esperaba algo que simplemente no podía darse.

Eso, curiosamente, me trajo calma.

También he visto algo importante. Durante mucho tiempo, me he comunicado desde el miedo a no ser entendida, desde la necesidad de justificarme, explicarme de más, demostrar que tengo razones suficientes para estar como estoy.

Ese patrón nace de una creencia muy profunda:

la idea de que, para ser válida, tengo que funcionar como la figura de referencia, igualar su ritmo, su eficacia, su resistencia, su forma de pensar.

Como si, para merecer reconocimiento, tuviera que convertirme en una versión de otro.

Y hoy me di un mensaje claro a mí misma:

No tengo que ser como esa persona.

Puedo aprender, inspirarme, acercarme… pero no forzarme a ser igual.

Yo soy como soy.

Cuando eso se asentó, el cuerpo se relajó. No fue un razonamiento, fue una sensación física de alivio.

Dos movimientos opuestos, la misma trampa

He entendido algo clave:

A veces me exijo ser como otros.

Otras veces exijo a otros ser como yo.

En ambos casos hay la misma trampa:

creer que mi forma de sentir, ver y procesar la realidad debería ser compartida, y que si no lo es, hay un problema.

Y no lo hay.

Ni mi sensibilidad es la medida universal,

ni la eficacia ajena es el estándar al que deba aspirar a cualquier precio.

Hoy he integrado algo sencillo y profundo:

No todo el mundo ve lo que yo veo.

No todo el mundo siente lo que yo siento.

No todo el mundo puede ni quiere sostener lo que yo sostengo.

Y eso no es injusto.

Es diversidad humana.

El alivio llega cuando dejo de exigir simetría donde no la hay, y cuando dejo de pelearme con la realidad tal como es.

Lo que me llevo

Me llevo esto, para no olvidarlo:

Puedo respetar sin exigir profundidad.

Puedo admirar sin intentar convertirme en otro.

Puedo comunicarme con claridad sin justificarme desde el miedo.

Mi sensibilidad no es un error, pero tampoco es una obligación para los demás.

Y, sobre todo:

No tengo que desaparecer para encajar,

ni forzar a nadie a profundizar para sentirme en paz.

Hoy eso se ha integrado de verdad.

Y ha sido un alivio silencioso, pero real.

Comentarios

  1. Querida compañera!!
    Que suerte que te sientas aliviada
    A mi me queda mucho por sanar porque cuando no te has sentido ni vista ni escuchada por las personas que tú piensas que son importantes para ti es complicado, ya que , he sentido tristeza ,siento que me han defraudado y siento rabia ..
    Entonces todo esto me nubla mi forma de reflexionar y a día de hoy no puedo llegar a pensar que ellos sienten o ven las situaciones de otra forma y si, posiblemente sea así , pero hay algo dentro de mi que no me deja llegar a otro nivel..
    Si que es cierto que muchas veces he hecho cosas para que se me recociera como ser humano , para que se viera quien soy de verdad ,pero a día de hoy me da igual no es que haya dejado de luchar simplemente me quedo a un lado y estoy inactiva, no sé cuándo volveré de nuevo a la acción …
    El filósofo Chul Hang dice que la inactividad es una forma.
    autónoma de reconectar con nuestra humanidad y así encontrar un sentido más profundo a la vida



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    Respuestas
    1. Querida 🤍
      Gracias por compartirte así, con tanta verdad. Lo que describes es muy humano: cuando no nos sentimos vistas ni escuchadas por quienes importan, el cuerpo y el corazón se cierran para protegerse. La tristeza, la rabia y la sensación de defraudación no son un fallo tuyo, son señales de que algo dolió de verdad.
      Me parece muy honesto lo que dices sobre no poder aún ver “la otra perspectiva”. A veces no es el momento. Hay etapas en las que primero necesitamos sentir, descansar, retirar la energía de fuera y volver a nosotras. Y eso también es parte del camino.
      Esa inactividad de la que hablas no siempre es rendición: muchas veces es gestación. Algo dentro se está recolocando, aunque desde fuera parezca quietud.
      No tienes que forzarte a volver a la acción antes de tiempo. La claridad llega cuando el sistema se calma, no cuando se empuja.
      Gracias por traer esta mirada al espacio. Ojalá puedas tratarte con la misma comprensión que ofreces al mundo 🤍

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